Wish upon a star.

Where the stories will come true.

lunes, abril 30, 2007

Cuento: Verde-Brillante. Parte IV. (última parte)

Pues aquí termina el cuento. El poema incluido en la parte III es: Mi Vida Es Como Un Lago de Salvador Novo. La imagen de abajo ni hablar...
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Thy bosom is endeared with all hearts
Which I by lacking have supposed dead.

So long as man can breathe, or eyes can see,
So long lives this, and this gives life to thee.

Salvador Novo.

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Mi vida es como un lago taciturno... al acabar el poema el bichito verde por fin confundido con lo que quería en realidad el hombre le preguntó: "¿Cuál es tu deseo entonces?" y agregó el bichito: "¿Tu deseo es poder llevar las riendas de tu vida, y ser como un lago taciturno?"

A lo que el hombre dijo: "Al igual que en mi poema, yo quiero llevar las riendas de mi vida, al igual que lago, que observa lo más bello del mundo y del universo mismo, pero..., lo que deseo ahora ya no es tener solo ese tipo de vida sino ver a mis hermanos seres humanos, llevar su vida como hace el lago, como hacen los árboles que hoy nos acompañan, como hace el águila libre de ataduras. Yo sé que es un deseo que ni Dios a concedido a los más grandes santos, ni aún al alma más humilde, por eso mi deseo, es un poco más radical, y no pido sino ser literalmente el lago de mi poema, que descanse sobre este parque, y dónde quiero que tú mi bichito verde, me acompañe en las noches más bellas, para poder disfrutar de mi existir y donde mis hermanos humanos, puedan apreciar la bella escena que tienen ante ellos, y de la cual están ciegos. Ese es mi deseo"

Sorprendido y alegre el bichito empezó a girar rápidamente sobre el hombre, y de pronto el amanecer había llegado, era un domingo en el que toda la gente iba al parque, y con el amanecer también llegó de la nada, un lago precioso en medio del parque, un lago del cuál la gente quedó asombrada por su belleza y del cuál no tenían ni la menor idea de como había llegado ahí. Fue como un despertar para una cuidad suicida, común y corriente y desde entonces, la gente de esa cuidad cambió su modo de vivir gracias al hombre, al cuál su deseo más grande le fue concedido.

Y en las noches de luna llena, y de otoño, si uno ponía atención al hermoso silencio que acompañaban los grillos, se oían rumores entre el lago, y se veían muchas lucecitas verde-brillantes sobre nuestro amigo, nuestro lago que reposa para siempre feliz en el parque.

Está ciudad ahora es intangible para todo el mundo, ya nadie la puede ver ni percibir. Sin embargo existe entre algún lugar que para nosotros es ningún lado, empero, dicen que en esa ciudad, el paraíso del que hablamos ahora podría quedarse corto y la forma en que lo sé, es porque ayer estaba yo observando la luna, y un animalito verde-brillante me lo contó.

Fin.

NOTA PARA MÍ:
hacerle caso a la nota pasada O.ô

domingo, abril 29, 2007

Cuento: Verde-Brillante. Parte III.

Más del cuento.
NOTA PARA MÍ: debo de dejar de escribir tan noche.

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A fin de cuentas el hombre, se sentó en una banca, pues no quería llegar a casa aún, sin saber que hacer y entonces entre un abrir y cerrar de ojos y de frente a nuestro hermoso panorama, apareció el bichito verde-brillante ante los ojos de nuestro amigo; el hombre se espantó de pronto pues no esperaba verle tan pronto. Que por cierto, la noche pasada habían hablado sobre lo que el hombre debía hacer con su vida, y que por fin iba a dejar de ser un esclavo de lo que los demás querían de él.

Entonces, el bichito verde-brillante como adivinando lo que pasaba por la mente del hombre le preguntó: "¿Qué has decidido?" Y el hombre por fin y ya conciente de sí, y de toda la belleza que le rodeaba, respondió que necesitaba más tiempo (aahhh, por suerte el parque estaba vacío, y entonces nadie veía al hombre hablando con un extraño punto verde brilloso que se levitaba ante el hombre), después el bichito le dijo que tenía que decidir en ese preciso instante y el hombre sin más remedio, de entre no saber qué hacer, si conservar su apática vida común, o tomar las riendas de su vida solo podía balbucear algunas palabras de las cuales no se entendía ninguna.

Por fin, rindiéndose ante la belleza de la escena, y sin nada que perder ni nada que ganar preguntó algo que al parecer solo podría hacer un hombre común ante un hecho inexplicable.

Preguntó a su bichito verde si éste le podía conceder un deseo. Y como el bichito todo lo sabía sobre la preciada y ya no vacía alma de nuestro hombre respondí afirmativamente a este.

El hombre primero entonó un poema que dice así (poema que por cierto siempre vagaba en su mente y nunca lo escuchaba):

Mi vida es como un lago taciturno.
Si una nube lejana me saluda,
si hay un ave que canta, si una muda
y recóndita brisa
inmola el desaliento de las rosas,
si hay un rubor de sangre en la imprecisa
hora crepuscular,
yo me conturbo y tiendo mi sonrisa.

¡Mi vida es como un lago taciturno!
Yo he sabido formar, gota por gota
mi fondo azul de ver el universo.
Cada nuevo rumor me dio su nota,
cada matiz diverso
me dio su ritmo y me enseñó su verso.
Mi vida es como un lago taciturno…


sábado, abril 28, 2007

Paréntesis 2 al cuento: (Priss).

Bueno, el último parentesis al cuento para seguirlo mañana y no se hable mas del tema. (¡¡Ya estoy mejor de mi pulgar!!, ¡puedo escribir rápido! =)

Priss.


Conocí a una chica, su nombre: Priss. Lo que pasó entre ella y yo no es tan relevante aquí, lo importante es que estoy convencido de que para todo el mundo, para cada pequeño individuo de este planeta tan remoto hay una Priss.

De entre todas las cosas que uno puede encontrarse en el universo: el insecto más sorprendente, la canción perfecta, los amigos, ver como se queman las estrellas entre las nubes, etc. uno necesariamente va a encontrar a su Priss ó su Priss va a encontrarlo (como en mi caso).

Y una ves que se esté con su Priss, no importa que tan perfecto sea tu mundo o que tan imperfecto, que tan sedentario, no importa la circunstancia que pases o tu credo o política, cuando uno ya esté con su Priss se llena de paz y emoción, de terror y ánimos y de todo lo que uno se pueda imaginar… simplemente uno se siente completo.

De entre todos los tipos de amor que conocemos, hay uno muy especial, o mejor dicho es más bien extraño. Es ese del que tanto se habla, del que culpamos a cupido.

¿Es acaso Priss lo que conocemos como el primer amor? No lo es, pues no fue mi primero. Lo cierto es que pase lo que pase, la Priss de cada quien siempre quedará en nuestras mentes y corazones, tal cual el beso escondido de la señora Darling (mamá de Wendy) en Peter Pan.

Así que cuando se encuentre a su Priss o al revés, no la debemos dejar ir pues de un muy buen recorrido vivido, al final sabemos que Priss es el último amor que uno debe perder.

No digo que yo sea Priss de la chica que conocí pues de lo contrario el mundo sería ideal; de hecho cuando el mundo es ideal y no se deja ir a su Priss, se encuentran parejas eternas y hermosas. Tampoco digo que Priss nunca cambie y deje de ser Priss, pues sucede dependiendo de muchas cosas.

Lo único que digo es que para todos HAY un amor perfecto que completa a la gente, o HUBO un amor perfecto en el cual pensar y que nos de fuerza o HABRÁ un amor de estos si somos suficientemente pacientes.

Si al final de todo uno pierde a ese amor, lo único que se puede hacer o se debería hacer, es perdonar (a quien sea necesario, incluso a uno mismo), perdonar y a lo que sigue.

Como ya lo dije de muchas formas, ese amor del que tanto hablé, en mi caso se llama:

Priss.

Paréntesis 1 al cuento: (Contruyendo escaleras de eternidad IV (Aún mas divagues).).



- ¿Para cuántos quieres ser “eterno”? Uno puede ser “eterno” para ciertas personas, pero cuando estas mueren también muere tu eternidad con ellas, ¿para cuántos quieres ser eterno?

- Para todo el mundo, para toda la gente que vive hoy y para toda la gente que vivirá después.

- ¿Para cuántos eres eterno ahora?

- Para unos pocos, mi familia, mis amigos, mis enemigos y una que otra persona que me lleve en su recuerdo.

- ¿Por qué eres eterno para ellos? ¿Qué has hecho por ellos?

- Por algunos no he hecho nada mas que ser yo; por otros he hecho grandes cosas; con algunos otros me he equivocado y los he herido; y a otros pocos les he sanado el alma. Por eso soy eterno para ellos.

jueves, abril 26, 2007

Cuento: Verde-Brillante. Parte II.

La continuación del cuento este... (extraño a mi pulgar, ¡¡sigue torcido!!... no puedo escribir rápido T.T).
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En la mañana, que por cierto era una mañana, donde se podía ver desde su ventana al sol salir de entre los montes lejanos, hacía un clima de esos climas que te hacen sentir al sol despertando contigo, calentando el frío que estuvo en tu cuerpo por la madrugada. El hombre se quedó dormido, y llegó tarde al trabajo.

En realidad y todavía sin darse cuenta, ni siquiera era malo el que hubiera llegado tarde al trabajo (cosa que nunca le había pasado), nuestro amigo, había tenido su primer noche con un sueño exquisito, y con un sueño de ensueño.

Ese día siguió igual que todos los demás y lo único destacable era su llegada tarde al trabajo, por lo que su piadoso jefe le dio un buen regaño, del cuál el hombre tomó la decisión de que había errado en lo que hizo. Entonces, pasó un día y llegó la noche pero ahora ya con la luna menguando.

Esa noche, el hombre estaba dispuesto a lidiar con su locura si es que volvía a aparecer; y pues al igual que en su noche anterior, entre ese estado de dormido y despierto, se dio cuenta de que ahí estaba el bichito verde-brillante, pero esta vez al darse cuenta de que ahí estaba de nuevo, se dio cuenta de que en realidad deseaba que estuviera ahí

Ya con más calma que la noche anterior, tomó valor y lanzó su primera pregunta de esa noche: " ¿Quién eres?". A lo que otra vez el bichito respondió: "soy tu bichito verde", entonces, antes de que el hombre disparara la segunda pregunta, el bichito tomó iniciativa de la plática y dijo: "¿Cómo es que huyes de mí?" y después de esta pregunta, por fin parecía una conversación la que tenían el hombre y el bichito.

Esa noche, hablaron de la vida común que llevaba el hombre, y por supuesto el hombre al pasar la conversación cada vez se iba dando cuenta de que no era tan malo, ni tan loco el hablar con un bichito.

Al día siguiente, entre hojas de color sepia y caídas de los árboles, el hombre llegó de nuevo tarde al trabajo. Y esta vez su honorable jefe, por incidir "tanto" en su empeño en llegar tarde, le dijo que necesitaba algún tipo de ayuda psicológica, pues, se estaba convirtiendo en alguien que no es común a todo, y que eso estaba mal. Además, agregó el jefe, que si no buscaba ayuda lo despediría de su trabajo, y arruinaría su vida laboral futura, a lo que el hombre le produjo un miedo indescriptible lo que había dicho el jefe: ......, lo de incomún primero y luego lo del trabajo.

Inmediatamente ese día ya no fue del todo normal pues tuvo que visitar a un psicólogo, que le aseguró que su enfermedad era solo una paranoia simple, lo que hizo que el hombre se enemistara con su bichito verde-brilloso.

Después de un día que por fin el hombre pasó en su mente, pensando en que es lo que iba a hacer, llegó la noche y con ella la labor de decidir si seguir hablando con su reconfortante bichito o no. Pero esa noche en el camino a su casa, decidió pasar por un parque del cuál nunca se había dado cuenta: era un parque hermoso, con un sendero de árboles sakura y todo un bosquecito de los árboles más ricos en belleza ornamental.

sábado, abril 21, 2007

Cuento: Verde-Brillante. Parte I.


Este es un cuento más bien viejo (¡y no!, ¡no es una pasada de ajenjo que me haya puesto por ahí!, fue similar pero sin efectos secundarios =P) y de esos de Había una vez.... Es un poco largo, así que lo pondré por partes.




( http://angelrls.blogalia.com/historias/42706)
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Había una vez un hombre, que vivía entre todo el ruido y el salvaje ajetreo de una ciudad muy muy grande. Vivía en una casa dónde podía observar la luna de noche por un lado, el ocaso de la tarde por otro, y el amanecer en alguna otra ventana de su humilde casa.
En realidad eso era lo único valioso que poseía este hombre, a pesar de que tenía un trabajo decente y una profesión común. Además, también fue educado en su urbe como una persona común y corriente y como todos en su pueblo, no sentía el paso del tiempo, ni de las estrellas que ya no se podían avistar desde ese lugar siempre tuvo una vida vacía, mientras continuaba con su incesante día de diario.

La misma rutina siempre, los mismos hábitos de siempre, los mismos defectos y por otro lado y un tanto peor, no sabía la valioso que tenía en su casa, donde tan hermosas vistas daban las ventanas, ya entre la neblina fresca de la mañana, o en el agradable clima de en la tarde a la hora del ocaso.

Este hombre, nunca descansaba, siempre tenía algún trabajo que hacer y si no lo tenía siempre encontraba algo que hacer para tal vez así no darse cuenta de su propia existencia.

Siempre era una persona promedio hasta que una noche, una noche que por cierto, extrañamente y a pesar de las luces de la ciudad, avistaba casi a ojo pelón por su ventana, a la mismísima Vía Láctea, pero a fin de cuentas, él nunca se daba cuenta.

Esa noche, mientras DORMITABA, antes de quedarse completamente dormido alcanzó a observar entre sus comunes y somnolientos ojos a un bichito de color verde que brillaba con éxtasis como desprendiéndose de la luna llena que se posaba ante alguna otra ventana de su habitación. Al principio creyó que era algún común mosquito que se empeñaba en molestarle pero ya más despierto, en realidad le pareció que podría ser una luciérnaga.

Lo asombroso del asunto, es que tal infimidad lo hizo despertarse y sin siquiera haberse dado cuenta; entonces, el animalito incitó a la no poco cerrada mente de nuestro buen hombre común; de hecho, le alborotó tanto la cabeza, evento tan bello que se exponía a sus ojos, ¡sólo a sus ojos! que después de regocijarse con la beatitud del puntito verde brillante lanzó una pregunta sin siquiera darse cuenta, hacia ese ente que habitaba ya no solo en su dormitorio, sino en lo más profundo de la parte no común de su mente.

El hombre preguntó: "¿¿¿Quién eres???"

Entonces, el hombre ni siquiera tuvo tiempo de darse cuenta y asombrarse de que estaba hablando tal vez con nada, cuando el puntito de luna brillante respondió: "Soy tu bichito verde".
Entonces el hombre ahora si que se preocupó, cuando encontró que en su mente, habían penetrado cuatro palabras que venían de un puntito verde que brillaba en la oscuridad. El hombre trató hasta de matar a su bichito de la oscuridad, a lo cuál el bichito con una voz que parecía que trataba de entender al hombre le dijo: "tranquilo, no creas que estas loco, y si así fuera, el matarme no lo resolvería, tal y como resuelves tu vida tan común y apática, llenándote de trabajo, y cosas por hacer, solo porque tienes miedo de ti mismo". Entonces el hombre si que se estremeció en su lecho; bastante alterado y sin darse cuenta de tan adorable escena que pudo haber pasado en ese momento nuestro amigo empezó a decirse para sí: "yo no oí nada, todo es un sueño" incesantemente. Y así hasta que por fin se quedó dormido. Y fue esa la primera noche y la primera pobre conversación que tendría con su bichito de la oscuridad.

martes, abril 03, 2007

Contruyendo escaleras de eternidad III (Extracto).


Tienes que entender una cosa.
No poseemos nada excepto a nosotros mismos.
Este mundo y sus leyes no nos dejan nada,
excepto a nosotros mismos.
No hay nada que podamos dejar atrás al morir,
excepto el recuerdo de nosotros mismos.
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Ok, es un texto sacado de una obra genial llamada Sizwe Banzi est mort (Sizwe Banzi está muerto) dirigida por Peter Brook.