Cuento entre dos....

El ángel lucía aterrador, sostenía su espada en una mano y en la otra un escudo de cristal, y se disponía a cumplir su misión que ya estaba escrita hase mucho, aquella misión para cual fue preparado durante largo tiempo y que estaba apunto de llevar acabo. Nadie se lo imaginaba, ni siquiera él mismo. No tenía opción y dicen que los ángeles no tienen sentimientos, pero, ¿esto es cierto?, ¿podría el ángel cumplir su misión sin importar lo que sentía por toda aquella gente?
Y si no sentía por ser un ángel entonces, ¿qué era eso que le impedía cumplir con su misión?, ¿por qué de pronto sentía la necesidad de bajar la espada y romper el escudo de cristal?, de abrir sus alas blancas y regresar por el camino que había llegado; ¿era acaso odio?, ¿o era un simple reto de los dioses? Ahora se disponía a marcharse, pero, ¿a dónde?, no podía huir, siempre lo acosarían. Necesitaba un plan.
Entonces en ese instante intento descubrir que era lo que sentía, si es que en realidad sentía algo: odio, amor, compasión. Necesitaba saberlo y solo ahí fue cuando se pregunto algo que nunca antes se había preguntado: ¿por qué yo?, ¿por que de entre todos los ángeles disponibles para los dioses me eligieron a mí?
Así que en ese mismo instante, las preguntas le rodearon la conciencia como los aros de piedras rodean a saturno. Y así, sin más remedio, y sin planes por encontrar. Cumplió su misión... enterró su espada brillante entre su abdomen (solo esa espada podía matar ángeles) y se dió muerte, por primera vez sintió dolor, sintió el odio por aquella gente y amor por los dioses.
Pudo sentir lo frío de la espada en su abdomen, y sentía también la sangre tibia que salía por la herida, sentía como sus alas se caian… ¡¡¡¡Sentia!!!!



