Cuento: Verde-Brillante. Parte II.
La continuación del cuento este... (extraño a mi pulgar, ¡¡sigue torcido!!... no puedo escribir rápido T.T).
En la mañana, que por cierto era una mañana, donde se podía ver desde su ventana al sol salir de entre los montes lejanos, hacía un clima de esos climas que te hacen sentir al sol despertando contigo, calentando el frío que estuvo en tu cuerpo por la madrugada. El hombre se quedó dormido, y llegó tarde al trabajo.
En realidad y todavía sin darse cuenta, ni siquiera era malo el que hubiera llegado tarde al trabajo (cosa que nunca le había pasado), nuestro amigo, había tenido su primer noche con un sueño exquisito, y con un sueño de ensueño.
Ese día siguió igual que todos los demás y lo único destacable era su llegada tarde al trabajo, por lo que su piadoso jefe le dio un buen regaño, del cuál el hombre tomó la decisión de que había errado en lo que hizo. Entonces, pasó un día y llegó la noche pero ahora ya con la luna menguando.
Esa noche, el hombre estaba dispuesto a lidiar con su locura si es que volvía a aparecer; y pues al igual que en su noche anterior, entre ese estado de dormido y despierto, se dio cuenta de que ahí estaba el bichito verde-brillante, pero esta vez al darse cuenta de que ahí estaba de nuevo, se dio cuenta de que en realidad deseaba que estuviera ahí
Ya con más calma que la noche anterior, tomó valor y lanzó su primera pregunta de esa noche: " ¿Quién eres?". A lo que otra vez el bichito respondió: "soy tu bichito verde", entonces, antes de que el hombre disparara la segunda pregunta, el bichito tomó iniciativa de la plática y dijo: "¿Cómo es que huyes de mí?" y después de esta pregunta, por fin parecía una conversación la que tenían el hombre y el bichito.
Esa noche, hablaron de la vida común que llevaba el hombre, y por supuesto el hombre al pasar la conversación cada vez se iba dando cuenta de que no era tan malo, ni tan loco el hablar con un bichito.
Al día siguiente, entre hojas de color sepia y caídas de los árboles, el hombre llegó de nuevo tarde al trabajo. Y esta vez su honorable jefe, por incidir "tanto" en su empeño en llegar tarde, le dijo que necesitaba algún tipo de ayuda psicológica, pues, se estaba convirtiendo en alguien que no es común a todo, y que eso estaba mal. Además, agregó el jefe, que si no buscaba ayuda lo despediría de su trabajo, y arruinaría su vida laboral futura, a lo que el hombre le produjo un miedo indescriptible lo que había dicho el jefe: ......, lo de incomún primero y luego lo del trabajo.
Inmediatamente ese día ya no fue del todo normal pues tuvo que visitar a un psicólogo, que le aseguró que su enfermedad era solo una paranoia simple, lo que hizo que el hombre se enemistara con su bichito verde-brilloso.
En realidad y todavía sin darse cuenta, ni siquiera era malo el que hubiera llegado tarde al trabajo (cosa que nunca le había pasado), nuestro amigo, había tenido su primer noche con un sueño exquisito, y con un sueño de ensueño.
Ese día siguió igual que todos los demás y lo único destacable era su llegada tarde al trabajo, por lo que su piadoso jefe le dio un buen regaño, del cuál el hombre tomó la decisión de que había errado en lo que hizo. Entonces, pasó un día y llegó la noche pero ahora ya con la luna menguando.
Esa noche, el hombre estaba dispuesto a lidiar con su locura si es que volvía a aparecer; y pues al igual que en su noche anterior, entre ese estado de dormido y despierto, se dio cuenta de que ahí estaba el bichito verde-brillante, pero esta vez al darse cuenta de que ahí estaba de nuevo, se dio cuenta de que en realidad deseaba que estuviera ahí
Ya con más calma que la noche anterior, tomó valor y lanzó su primera pregunta de esa noche: " ¿Quién eres?". A lo que otra vez el bichito respondió: "soy tu bichito verde", entonces, antes de que el hombre disparara la segunda pregunta, el bichito tomó iniciativa de la plática y dijo: "¿Cómo es que huyes de mí?" y después de esta pregunta, por fin parecía una conversación la que tenían el hombre y el bichito.
Esa noche, hablaron de la vida común que llevaba el hombre, y por supuesto el hombre al pasar la conversación cada vez se iba dando cuenta de que no era tan malo, ni tan loco el hablar con un bichito.
Al día siguiente, entre hojas de color sepia y caídas de los árboles, el hombre llegó de nuevo tarde al trabajo. Y esta vez su honorable jefe, por incidir "tanto" en su empeño en llegar tarde, le dijo que necesitaba algún tipo de ayuda psicológica, pues, se estaba convirtiendo en alguien que no es común a todo, y que eso estaba mal. Además, agregó el jefe, que si no buscaba ayuda lo despediría de su trabajo, y arruinaría su vida laboral futura, a lo que el hombre le produjo un miedo indescriptible lo que había dicho el jefe: ......, lo de incomún primero y luego lo del trabajo.
Inmediatamente ese día ya no fue del todo normal pues tuvo que visitar a un psicólogo, que le aseguró que su enfermedad era solo una paranoia simple, lo que hizo que el hombre se enemistara con su bichito verde-brilloso.
Después de un día que por fin el hombre pasó en su mente, pensando en que es lo que iba a hacer, llegó la noche y con ella la labor de decidir si seguir hablando con su reconfortante bichito o no. Pero esa noche en el camino a su casa, decidió pasar por un parque del cuál nunca se había dado cuenta: era un parque hermoso, con un sendero de árboles sakura y todo un bosquecito de los árboles más ricos en belleza ornamental.


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