Cuento...
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Aquí un cuento de hace ya tiempo...
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Dicen que nada de lo que ya pasó es olvidado. Incluso si no lo recuerdas. Y en lo caótico e infinito de mi ser, abrigo una luz que me recuerda lo mismo que ese sueño cálido en mi corazón: El recuerdo de esa hadita que conocí.
Y ese recuerdo que me ahoga en su bello mirar, me hace sentir el recuerdo, ó sueño, o recuerdo sumido en sueño de aquel día en que el duende concededor de deseos que habita a la entrada de la sierra a una hora de mi casa, me convirtió en una especie de hado... ¡sí!, como una hada pero con mi forma actual (o cosa rara que habita aquí en la Tierra), y con alas en vez de forma de insecto, en forma de pájaro... Bueno, pero esa es otra historia.
Sin embargo, ningún duende concededor de deseos, ni ninguna hada más tuvieron que mostrarme que el ser que a veces tenía frente a mí, el ser que tenía por gustos: lo verde, soñar despierta en cosas increíbles y fantásticas y contar cuentos; era en realidad una hada perdida aquí en este mundo, en esta realidad... aquí me gustaría contar como es que esa hadita me enseñó a volar, me contó secretos del mundo astral de donde proviene, etc., etc., cosas hermosas que llegarían incluso a hacerme llorar de felicidad por haber vivido esas experiencias; más la VERDAD de esta FANTÁSTICA REALIDAD es un poco más complicada y triste...
¿Quién en su sano juicio, y en su sano creer, no desearía ver a una hada y llevar ese deseo a la eternidad de su ser?, esto tomando en cuenta que para ver a una hada, esta también debe tener el deseo de ser vista. Pues este deseo es aún compartido con nosotros por la pequeña hadita que conocí... y no es que ella no conozca a ninguna otra hada; más bien ella, como muchas y muchos, no conoce a NINGUNA hada... nótese que “NINGUNA” es algo absoluto y que me hace pensar al final de todo, en la triste realidad de que la hadita que conocí, no sabe que ella misma es eso que tanto ansía ver y conocer.
¿Cómo me di cuenta?
Muy bien, después de leer el siguiente párrafo, cierren los ojos y comiencen a IMAGINAR:
Un cielo despejado de nubes en tonos grises se posaba sobre nuestras cabezas, por dentro y por fuera; las estrellas dibujando la poesía de Homero; en la oscuridad, luces sordas y oscuras casi invisibles; el clima colonial de pequeñas ciudades un poco antiguas situadas en la parte alta de entre varios montes. Dentro, dos personas bajo un techo mudo que ha visto suficientes cosas; desde el balcón se ve la ciudad hundiéndose hacia el centro de entre muchos cerros; el clima fresco de fuera colado de pronto por todas las ventanas; la cocina callada, la habitación en la que fui huésped la noche anterior, vacía y en silencio; la habitación de la hadita contando historias de circos mágicos, seres míticos, despiadados pero amorosos fantasmas, cuentos de hadas, grandes romances, historias de brujas poderosas, gente que vuela al bailar... la habitación habla en latín, francés, griego, ruso, inglés, etc. Hasta idiomas que aún desconozco. También cuenta historias personales y privadas de la hadita, por lo que la mayor parte del tiempo está habitación permanece acallada por la puerta que cierra sus labios. Y nos encontramos en la habitación que debería ser la sala-comedor, pero que solo contiene una mesa con un aparato negro que creo atrapa el alma de quien osa ponerlo en funcionamiento (en realidad, en la habitación de la hadita hay más cosas que las que hay en todo el departamento). (Ahora sí... a imaginar =D).
De alguna manera terminé acostado en el piso de la sala de los rituales ó “sala-comedor” (la magia muchas veces resulta muy bonita), convenciendo a la hadita de hacer lo mismo; tal vez solo los niños pequeños e inquietos comprendan el placer de tirarse al piso, sentir su frío y ver como todo lo que hay a su alrededor se transforma mágicamente; eso mismo pasó esa noche, estábamos tirados al piso, todas las luces del departamento habían escapado al igual que nuestras mentes. De pronto, notamos al final del corto pero en ese momento largo pasillo, que había tres rayos de luz, sin embargo, no había razón de que estuvieran allí, ya que todas las cortinas parecían estar herméticamente cerradas. Entonces, de golpe, cuando la imaginación de la hadita no encontró el porque de las luces, por poco pierde la compostura (hay que agregar aquí, que uno de los temores de la hadita es la oscuridad). Sin embargo, de alguna manera, la tranquilicé poniéndome en pie y buscando la razón de los rayos de luz... Al final de mi cacería de rayos de luz, me volví a tirar en el piso, explicándole a la hadita de donde provenían dos de esas luces. Pero después de tranquilizarla y desaparecer de su imaginación el tercer rayo de luz, me di cuenta que este último era más bien extraño, y procedía de un lugar que todavía desconocía.
Observé por toda la habitación: las ventanas, la puerta y cualquier lugar extraño por el que pudiera entrar esa luz extraña (incluso, busqué y comprobé que ningún charco de agua tuviera un extraño resplandecer verde o de cualquier color), que no era ni completamente blanca, ni completamente amarilla como las otras dos.
Por poco me espanto de la sorpresa cuando encontré la fuente de la luz. Nunca se lo dije a la hadita, pues pensé, en ese momento, que solo iba a lograr alborotar mas sus nervios. Y cuando me di cuenta más tarde de que era un ser mágico, pensé que había hecho bien en no decirle, pues tal vez no le agradaría que vieran su forma original.

La cosa está en que repentinamente, de reojo me pareció que en la densa oscuridad podía ver la cara de la hadita... cosa que confirmé cuando voltee de lleno toda la cabeza hacia ella. Su cara no se veía como cuando en una obra en el teatro, dirigen la luz hacia la cara del actor principal en medio de un momento de melancolía; tampoco se le veía como cuando alrededor de una fogata en el bosque, uno de tus amigos se acerca al fuego y este le alumbra la cara desde los leños mientras él cuenta una historia de terror. Era más bien algo que parecía parpadear en su cara y que solo dejaba vérsela difusamente cuando la extraña luz se extinguía entre cada parpadear. Y a partir de ahí, de su cara que en ese momento reflejaba una sensación de angustia pero a la vez una sensación de fortaleza y tranquilidad, la luz se extendía larga y sorda hasta aquel rincón.
Al parecer, a mi destino le quedaba otra sorpresa, ya que la pasada parecía haberme quitado solo la mitad de mi cordura racional. Más tarde, después de convivir con la hadita y dejar atrás los hecho que acababan de ocurrir, la noche cayó lenta y pesada sobre los dos. La decisión de dormir fue tomada gracias a los planes que había para más tarde, y aunque los dos tuvimos muy poco tiempo de descanso, dado que fue el momento en que el sueño y el acto de dormir se encontraron en nuestras almas fue muy corto, tuve la oportunidad de que el acto de dormir se perdiera y el sueño se posara entre mis sentidos, para de esta manera, verle dormir y soñar.
Es en esos momentos en los que el mundo sigue girando, el tiempo sigue cortando nuestros hilos de la vida a través de las Moiras ... pero para uno que se encontrara ante un asombro tan grande como el mío, el mundo se detiene ahí mismo, las Moiras sueltan los hilos del títere que lleva tu nombre, el silencio comienza su sinfonía y no queda nada más que contemplar y perder la otra mitad de la cordura.
Cerrar los ojos con fuerza para desmentir lo que veía a través de la oscuridad no fue suficiente como para dejar de percibir ese resplandor que envolvía a todo su cuerpo. Era la misma luz que había visto antes, solo que ahora envolvía a toda la hadita, incluyendo ese pequeño par de alas que se robaban la belleza de toda la escena, mi admiración por lo fantástico y raro y las últimas fuerzas que tenía mi cabecita por tratar de entender lo irrazonable.
Hasta el día de hoy mis sueños me han permitido ver esas cosas que no recuerdo, pero que sucedieron. El último recuerdo que el hermano del dios de la muerte, Hipnos, dios del sueño, me dejó ver, es el siguiente:
Sorprendido y fascinado por aquella bonita escena, desequilibradamente mi cerebro vio tendida a una hada y con mis últimas fuerzas, extendí mi mano derecha (dormíamos en la misma cama) tratando de tocar una de esas extremidades que hacen volar a las mariposas y que ahora sobresalían de la espalda de aquella personita.
En el preciso momento en que mis fuerzas se terminaron, también terminó el contacto entre el sueño y el dormir de la hadita. Lo único que recuerdo que sujeté, fue su hombro a manera de abrazo, ella me besó la frente y en mi ser se encontraron el sueño y el acto de dormir por primera vez en toda la noche, por lo cual, no recuerdo nada más.
Muchos dicen que quien tiene la fortuna de ver a una hada, solo puede acarrear a través de la hada una de dos cosas: ya sea felicidad ó muy mala fortuna... eso depende de la hada.
Todavía no se que fue lo que al final me acarreó el haber conocido a una hadita. Tal vez a veces tristeza cuando ella estaba triste, otras, felicidad cuando ella estaba contenta, o tal vez algo que desconozco, algo como felicidad y mala fortuna pero ninguna de las dos, algo que se alberga y que es familiar muy dentro en mi alma, tal vez de manera muy cierta la felicidad de haberle conocido... tal vez en esos momentos al no saber que era hada no tenía esos efectos... pero tal vez hoy en día ya se ha dado cuenta de su naturaleza mágica, pues no la he visto más, tal vez solo la vaya a poder ver hasta que ella así lo desee ó nunca más, tal cual, una hada de verdad.
Estos son mis recuerdos hasta el día de hoy, aunque dicen que nada de lo que ya pasó es olvidado. Incluso si no lo recuerdas.
Aquí un cuento de hace ya tiempo...
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Dicen que nada de lo que ya pasó es olvidado. Incluso si no lo recuerdas. Y en lo caótico e infinito de mi ser, abrigo una luz que me recuerda lo mismo que ese sueño cálido en mi corazón: El recuerdo de esa hadita que conocí.
Y ese recuerdo que me ahoga en su bello mirar, me hace sentir el recuerdo, ó sueño, o recuerdo sumido en sueño de aquel día en que el duende concededor de deseos que habita a la entrada de la sierra a una hora de mi casa, me convirtió en una especie de hado... ¡sí!, como una hada pero con mi forma actual (o cosa rara que habita aquí en la Tierra), y con alas en vez de forma de insecto, en forma de pájaro... Bueno, pero esa es otra historia.
Sin embargo, ningún duende concededor de deseos, ni ninguna hada más tuvieron que mostrarme que el ser que a veces tenía frente a mí, el ser que tenía por gustos: lo verde, soñar despierta en cosas increíbles y fantásticas y contar cuentos; era en realidad una hada perdida aquí en este mundo, en esta realidad... aquí me gustaría contar como es que esa hadita me enseñó a volar, me contó secretos del mundo astral de donde proviene, etc., etc., cosas hermosas que llegarían incluso a hacerme llorar de felicidad por haber vivido esas experiencias; más la VERDAD de esta FANTÁSTICA REALIDAD es un poco más complicada y triste...
¿Quién en su sano juicio, y en su sano creer, no desearía ver a una hada y llevar ese deseo a la eternidad de su ser?, esto tomando en cuenta que para ver a una hada, esta también debe tener el deseo de ser vista. Pues este deseo es aún compartido con nosotros por la pequeña hadita que conocí... y no es que ella no conozca a ninguna otra hada; más bien ella, como muchas y muchos, no conoce a NINGUNA hada... nótese que “NINGUNA” es algo absoluto y que me hace pensar al final de todo, en la triste realidad de que la hadita que conocí, no sabe que ella misma es eso que tanto ansía ver y conocer.
¿Cómo me di cuenta?
Muy bien, después de leer el siguiente párrafo, cierren los ojos y comiencen a IMAGINAR:
Un cielo despejado de nubes en tonos grises se posaba sobre nuestras cabezas, por dentro y por fuera; las estrellas dibujando la poesía de Homero; en la oscuridad, luces sordas y oscuras casi invisibles; el clima colonial de pequeñas ciudades un poco antiguas situadas en la parte alta de entre varios montes. Dentro, dos personas bajo un techo mudo que ha visto suficientes cosas; desde el balcón se ve la ciudad hundiéndose hacia el centro de entre muchos cerros; el clima fresco de fuera colado de pronto por todas las ventanas; la cocina callada, la habitación en la que fui huésped la noche anterior, vacía y en silencio; la habitación de la hadita contando historias de circos mágicos, seres míticos, despiadados pero amorosos fantasmas, cuentos de hadas, grandes romances, historias de brujas poderosas, gente que vuela al bailar... la habitación habla en latín, francés, griego, ruso, inglés, etc. Hasta idiomas que aún desconozco. También cuenta historias personales y privadas de la hadita, por lo que la mayor parte del tiempo está habitación permanece acallada por la puerta que cierra sus labios. Y nos encontramos en la habitación que debería ser la sala-comedor, pero que solo contiene una mesa con un aparato negro que creo atrapa el alma de quien osa ponerlo en funcionamiento (en realidad, en la habitación de la hadita hay más cosas que las que hay en todo el departamento). (Ahora sí... a imaginar =D).
De alguna manera terminé acostado en el piso de la sala de los rituales ó “sala-comedor” (la magia muchas veces resulta muy bonita), convenciendo a la hadita de hacer lo mismo; tal vez solo los niños pequeños e inquietos comprendan el placer de tirarse al piso, sentir su frío y ver como todo lo que hay a su alrededor se transforma mágicamente; eso mismo pasó esa noche, estábamos tirados al piso, todas las luces del departamento habían escapado al igual que nuestras mentes. De pronto, notamos al final del corto pero en ese momento largo pasillo, que había tres rayos de luz, sin embargo, no había razón de que estuvieran allí, ya que todas las cortinas parecían estar herméticamente cerradas. Entonces, de golpe, cuando la imaginación de la hadita no encontró el porque de las luces, por poco pierde la compostura (hay que agregar aquí, que uno de los temores de la hadita es la oscuridad). Sin embargo, de alguna manera, la tranquilicé poniéndome en pie y buscando la razón de los rayos de luz... Al final de mi cacería de rayos de luz, me volví a tirar en el piso, explicándole a la hadita de donde provenían dos de esas luces. Pero después de tranquilizarla y desaparecer de su imaginación el tercer rayo de luz, me di cuenta que este último era más bien extraño, y procedía de un lugar que todavía desconocía.
Observé por toda la habitación: las ventanas, la puerta y cualquier lugar extraño por el que pudiera entrar esa luz extraña (incluso, busqué y comprobé que ningún charco de agua tuviera un extraño resplandecer verde o de cualquier color), que no era ni completamente blanca, ni completamente amarilla como las otras dos.
Por poco me espanto de la sorpresa cuando encontré la fuente de la luz. Nunca se lo dije a la hadita, pues pensé, en ese momento, que solo iba a lograr alborotar mas sus nervios. Y cuando me di cuenta más tarde de que era un ser mágico, pensé que había hecho bien en no decirle, pues tal vez no le agradaría que vieran su forma original.

La cosa está en que repentinamente, de reojo me pareció que en la densa oscuridad podía ver la cara de la hadita... cosa que confirmé cuando voltee de lleno toda la cabeza hacia ella. Su cara no se veía como cuando en una obra en el teatro, dirigen la luz hacia la cara del actor principal en medio de un momento de melancolía; tampoco se le veía como cuando alrededor de una fogata en el bosque, uno de tus amigos se acerca al fuego y este le alumbra la cara desde los leños mientras él cuenta una historia de terror. Era más bien algo que parecía parpadear en su cara y que solo dejaba vérsela difusamente cuando la extraña luz se extinguía entre cada parpadear. Y a partir de ahí, de su cara que en ese momento reflejaba una sensación de angustia pero a la vez una sensación de fortaleza y tranquilidad, la luz se extendía larga y sorda hasta aquel rincón.
Al parecer, a mi destino le quedaba otra sorpresa, ya que la pasada parecía haberme quitado solo la mitad de mi cordura racional. Más tarde, después de convivir con la hadita y dejar atrás los hecho que acababan de ocurrir, la noche cayó lenta y pesada sobre los dos. La decisión de dormir fue tomada gracias a los planes que había para más tarde, y aunque los dos tuvimos muy poco tiempo de descanso, dado que fue el momento en que el sueño y el acto de dormir se encontraron en nuestras almas fue muy corto, tuve la oportunidad de que el acto de dormir se perdiera y el sueño se posara entre mis sentidos, para de esta manera, verle dormir y soñar.
Es en esos momentos en los que el mundo sigue girando, el tiempo sigue cortando nuestros hilos de la vida a través de las Moiras ... pero para uno que se encontrara ante un asombro tan grande como el mío, el mundo se detiene ahí mismo, las Moiras sueltan los hilos del títere que lleva tu nombre, el silencio comienza su sinfonía y no queda nada más que contemplar y perder la otra mitad de la cordura.
Cerrar los ojos con fuerza para desmentir lo que veía a través de la oscuridad no fue suficiente como para dejar de percibir ese resplandor que envolvía a todo su cuerpo. Era la misma luz que había visto antes, solo que ahora envolvía a toda la hadita, incluyendo ese pequeño par de alas que se robaban la belleza de toda la escena, mi admiración por lo fantástico y raro y las últimas fuerzas que tenía mi cabecita por tratar de entender lo irrazonable.
Hasta el día de hoy mis sueños me han permitido ver esas cosas que no recuerdo, pero que sucedieron. El último recuerdo que el hermano del dios de la muerte, Hipnos, dios del sueño, me dejó ver, es el siguiente:
Sorprendido y fascinado por aquella bonita escena, desequilibradamente mi cerebro vio tendida a una hada y con mis últimas fuerzas, extendí mi mano derecha (dormíamos en la misma cama) tratando de tocar una de esas extremidades que hacen volar a las mariposas y que ahora sobresalían de la espalda de aquella personita.
En el preciso momento en que mis fuerzas se terminaron, también terminó el contacto entre el sueño y el dormir de la hadita. Lo único que recuerdo que sujeté, fue su hombro a manera de abrazo, ella me besó la frente y en mi ser se encontraron el sueño y el acto de dormir por primera vez en toda la noche, por lo cual, no recuerdo nada más.
Muchos dicen que quien tiene la fortuna de ver a una hada, solo puede acarrear a través de la hada una de dos cosas: ya sea felicidad ó muy mala fortuna... eso depende de la hada.
Todavía no se que fue lo que al final me acarreó el haber conocido a una hadita. Tal vez a veces tristeza cuando ella estaba triste, otras, felicidad cuando ella estaba contenta, o tal vez algo que desconozco, algo como felicidad y mala fortuna pero ninguna de las dos, algo que se alberga y que es familiar muy dentro en mi alma, tal vez de manera muy cierta la felicidad de haberle conocido... tal vez en esos momentos al no saber que era hada no tenía esos efectos... pero tal vez hoy en día ya se ha dado cuenta de su naturaleza mágica, pues no la he visto más, tal vez solo la vaya a poder ver hasta que ella así lo desee ó nunca más, tal cual, una hada de verdad.
Estos son mis recuerdos hasta el día de hoy, aunque dicen que nada de lo que ya pasó es olvidado. Incluso si no lo recuerdas.
Ariel.
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"No soy lo suficientemente joven como para saberlo todo"
J. M. Barry.

2 comentarios:
Me agrado bastante el cuento, es poco usual ver historias tan profundas pero al mismo tiempo tan sencillas que hacen trabajar la imaginacion del lector.
Los poemas estan al mismo nivel mas sin embargo me agradan mas los cuentos de fantasia mezclada con realidad como este, espero y que publiques aun mas pues hay muy pocas personas que los combinan (fantasia-realidad) y tienen exito.
M.E.R.C.
jejeje... ¡Gracias! M.E.R.C ^^... en realidad la mayor parte de lo que leas aquí está inspirado en un hecho real =P... incluso lo que publica Elentarie ^^... Gracias por el comentario.. si tienes un blog deberías de dejarnos por aquí tu dirección... ;).
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